Capítulo 9 — Círculo, una novela inspirada por Ironsworn RPG

Lilliana murmuró entre dientes varias de las palabras que no le hacían ninguna gracia a Abu Lessy y se empezó a mover lentamente hacia detrás. Lentamente. Muy lentamente.

De repente, la cabeza de la criatura, o lo que quedaba de ella, se retorció con un crujido, mirando hacia la derecha de Lilliana. Algunos de los mayores de la aldea habían contado historias sobre estas criaturas, llamándolas caminantes de huesos. A pesar de las historias, nada podría haber preparado a Lilliana para la velocidad a la que el caminante salió corriendo en su dirección.

Antes de que pudiese acercarse a ella, se enredó con varios de los finísimos hilos que habían sido tejidos entre los árboles. Spice apareció desde las ramas más cercanas de los árboles y se dejó caer, arrancando uno de los brazos del caminante con sus mandíbulas.

La joven se incorporó mientras movía su honda con un patrón que se asemejaba a un ocho tumbado.

—¡Bien hecho, Spice! Ahora muévete, quítate de ahí —dijo mientras lanzaba la primera piedra.

Con una mano tanteó el cinturón para sacar una segunda piedra, mientras contemplaba cómo el caminante de huesos daba un paso hacia delante, seguido de otro. Cada paso tensando los hilos que lo sujetaban más y más.

Lilliana pegó un tirón para sacar la piedra que había agarrado. Sin embargo, una de sus pulseras se debía haber enganchado a algún sitio, ya que notó como el cinturón se aflojaba y varias de las bolsitas que llevaba atadas al mismo se caían al suelo. Pero no podía despegar la mirada de la monstruosa criatura que caminaba hacia ella.

Con un quejido se movió hacia atrás, caminando y alternando pequeños saltitos para esquivar sus propias pertenencias, que ahora estaban desparramadas por el suelo.

Lanzó la segunda piedra, pero esta ni siquiera rozó al caminante, aunque estuvo muy cerca de dar a Spice, que se estaba retirando en dirección a las copas de los árboles en aquel momento.

Una de las ramas donde los hilos que sujetaban al caminante de huesos se partió con un crujido. Lilliana soltó un pequeño chillido y se movió hacia detrás aún más deprisa. Al menos hasta que escuchó otro doble latido cerca de ella. Demasiado cerca.

No se paró a pensar. Se tiró al suelo, rodando como pudo y evitando de alguna manera clavarse ninguna ramita ni rozarse contra ninguna piedra. Notó más que vió el pesado martillo de guerra oxidado que pasó a escasos centímetros de su hombro derecho.

Utilizando el movimiento siguió rodando hasta ponerse de pie, consiguiendo alejarse lo suficiente del segundo caminante de huesos y lanzarle otra piedra.

—Spice, que ese no se mueva —acertó a decir mientras sacaba otra piedra más del saquito.

Silenciosa y ágil, la araña gigante se lanzó al suelo desde una de las ramas que había alcanzado, dejando una estela detrás de sí. En dos parpadeos, repitió el movimiento, afianzando nuevos hilos donde el primer caminante había roto los que lo retenían.

Lilliana sonrió satisfecha, lanzando otra piedra contra el caminante que le había atacado con el martillo, que aún no se había movido de donde estaba. Un chasquido de huesos partiéndose hizo que apartase la mirada y la dirigiese hacia Spice y el caminante atrapado.

Y contempló con horror como los huesos del brazo arrancado crecían, alargándose y retorciéndose, mientras el corazón con las venas negras latía, más y más rápido. Donde deberían haber estado los dedos, los huesos negros se alargaron hasta formar garras y cuando Spice bajó de nuevo para unir otro hilo, el caminante se giró con un movimiento fluido y clavó la garra en la araña.

Con un grito Lilliana echó a correr hacia ella, gesticulando para que se apartase de allí. Tan solo había dado dos pasos cuando el caminante que estaba libre se abalanzó sobre ella con una explosión de velocidad, agitando el martillo en dirección a su cabeza.

La joven se movió automáticamente, dando una voltereta para esquivar el ataque y lanzando una piedra, y otra, y otra, más rápido de lo que podía pensar. Varias rebotaron contra los restos de la armadura que llevaba el caminante de huesos, pero otras destrozaron el hueso y los trozos de carne que quedaron expuestos.

El caminante de huesos se lanzó otra vez en su dirección, y Lilliana se cayó al suelo al esquivar el martillo. Demasiado tarde fue consciente de la afilada punta que sobresalía de la parte superior del martillo, y que arañó su piel y le arrancó la bandolera, que salió despedida.

La joven jadeó mientras se arrastraba por el suelo, la espalda rozando contra el suelo del bosque. Una de sus manos tanteó el suelo y agarró una de las piedras que había rebotado contra la coraza de su atacante.

Cuando la criatura se giró por tercera vez en su dirección, Lilliana lanzó la piedra con todas sus fuerzas. Esta silbó en el aire y se estrelló contra el corazón que latía al descubierto, rozando la abertura en el metal de la armadura. La criatura chilló. Un grito que le heló la sangre e hizo que se tapase las orejas.

Gimoteando sin parar, desenfundó la daga, que sorprendentemente aún seguía en el cinturón y la lanzó con un giro de muñeca, justo como Arisa le había enseñado de pequeña. La luz del sol se reflejó por un momento en la hoja de acero, antes de hundirse en el corazón del caminante de huesos.

—No me quiero acercar, no me quiero acercar, no me quiero acercar.

Pero se acercó. Y mientras la criatura chillaba sin parar, agarró el mango de la daga y la retorció hasta que el sonido se apagó.

Con un suspiro, las oscuras venas desaparecieron, como si hubiesen sido quemadas, y fue como si el tiempo pasase aún más rápido para el cuerpo que quedó desplomado en el suelo. La carne se secó y se convirtió en polvo, el metal se oxidó a grandes pasos y los huesos empezaron a desmoronarse.

Lilliana se dió la vuelta para intentar ver qué estaba pasando con Spice y el otro caminante y al apoyar su pesa en la pierna izquierda, un relámpago de dolor le hizo soltar otra retahíla de esas palabras que le habrían valido un castigo de Abu Lessy. Un castigo de los buenos.

Una astilla de hueso sobresalía clavada en su pierna. No lo suficiente como para causar problemas, pero sí como para que fuese doloroso. Reprimiendo un escalofrío, arrancó la astilla. Agh, no debería haber hecho eso. Pensó al ver la sangre que salió de la herida. Pero no tenía tiempo.

Al otro lado de la zona despejada, Spice mantenía a raya como podía al otro caminante de huesos, que había cortado la mayor parte de los hilos con la garra que había crecido en lugar del brazo arrancado.

—Eh tú, deja a mi Spice tranquila —gritó Lilliana, intentando darle una calma a su voz que realmente no sentía.

Lanzó la daga de nuevo y esta vez se clavó en los restos de la cara del caminante, atravesando la mejilla. Por toda respuesta, este chilló y la joven se tapó los oídos de nuevo. Spice aprovechó ese momento para retirarse. Estaba claramente herida. Y no tenía buena pinta.

Antes siquiera de que pudiese respirar aliviada, la criatura pegó un bote y los pocos hilos que la sujetaban se partieron. Salió disparado en su dirección, pero Lilliana se mantuvo firme hasta el último momento, recordando lo que había hecho con el otro caminante. Justo antes de que la alcanzase, se lanzó al suelo, esquivando la carga.

El caminante de huesos estuvo a punto de estrellarse contra uno de los árboles. Antes de que pudiese recuperarse, la joven saltó detrás de él y lo empujó de una patada mientras se preparaba para pelear. La criatura se estrelló contra el árbol. Y se quedó quieta. Muy quieta.

Lilliana alargó una mano para arrancar la daga de la cara del caminante, pero antes siquiera de poder alcanzarla, este cayó al suelo mientras el cuerpo empezaba a deshacerse de la misma manera que el primero lo había hecho. Al caer, la joven vió un trozo de una de las ramas que se había partido durante la pelea sobresaliendo del pecho del caminante y suspiró aliviada.

Le costó más de lo que pensaba recoger todas las cosas que se le habían caído y que estaban desperdigadas por el suelo del bosque. Varias de ellas, ni siquiera estaban en buen estado para ser aprovechables. Spice había decidido que iba a subirse a las copas de los árboles y que no iba a bajar durante un tiempo.

Intentó convencerla para que bajase y poder examinar sus heridas, pero la araña gigante, después de ver lo mal que Lilliana consiguió curar la pierna donde se le había clavado la astilla de hueso, no se dejó convencer.

No quedaba mucho que hacer aparte de volver a Highwood. Pero tendría que hacerlo con cuidado. Antes siquiera de ponerse en marcha ya empezó a oír los mismos chasquidos detrás de ella que había oído antes de ser atacada. Los dobles latidos eran tantos que parecían tambores, amortiguados por la espesura.

Una gota de sudor frío se deslizó por su espalda, acompañada de un escalofrío mientras la cabeza le empezó a doler de la concentración que necesitaba mantener para no hacer ni un solo ruido mientras apenas se mantenía por delante de la media docena de caminantes que podía oír detrás de ella.

Un crujido, una piedra resbalándose y todos los latidos sonaron al mismo tiempo, como poniéndose de acuerdo. Saben que estoy aquí. Pensó aterrada. Sin pararse un momento, agarró un puñado de ramas y piedras y las tiró en varias direcciones, intentando despistar a sus perseguidores, o por lo menos confundirlos.

Echó a correr, trotar, lo que pudo. La pierna volvió a sangrar de nuevo. No se paró en las primeras plataformas por las que podía haber subido. Caminó, o más bien cojeó hasta llegar a la altura de las primeras casas, cubierta de sangre, polvo y barro. Echa un desastre.

Con un escalofrío abrió la boca y gritó la consigna de alarma. Los caminantes de huesos no tardarían mucho en llegar.


Este es el capítulo 9 de ‘Círculo‘, una novela experimental publicada semanalmente en esta página y en Wattpad. Está inspirada por Ironsworn RPG.


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David

Natural de Zaragoza, llevo leyendo desde que puedo recordar. Siempre me ha gustado mucho escribir, y soñar despierto.

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