Capítulo 8 — Círculo, una novela inspirada por Ironsworn RPG

De entre las ramas altas del árbol apareció Spice, bajando lentamente sobre sus ocho patas hasta llegar al suelo. Casi le llegaba a Lilliana a la altura de las rodillas, y estaba recubierta de una pelusilla de color melocotón. Incluso cuando había sido un poco más grande que la palma de su mano, todo su cuerpo había estado recubierto de ella, a excepción de una pequeña mancha negra en su abdomen.

Lilliana se agachó y le rascó la cabeza, y la parte de arriba de las patas delanteras, cuyo color claro destacaba con los marrones y oscuros verdes de la zona.

—Ya hacía unos días que no te veía, Spice, ¿has estado cazando para el invierno? Seguro que sí, seguro que sí.

Tras un par de minutos se levantó y caminó hasta el agujero donde estaban las tazas y vasos de madera.

—Mira lo que he encontrado. Creo que se suponía que no tenía que encontrarlo. ¿Tú sabes lo que es? Yo no. Pero no pasa nada, he recogido un poco y seguro que alguien en Highwood me puede decir lo que es.

Recogió todo rápidamente, cubriendo las tazas con la piel recién curtida y usando los pies para empujar la tierra de nuevo sobre ella. En poco rato todo estaba casi igual que se lo había encontrado, y sonrió satisfecha.

Luego bajó la vista y la sonrisa se borró de su cara. Dos de sus dedos tenían un sospechoso tinte morado.

—No, no, no… —dijo en voz alta mientras restregaba las manos con varias hojas secas y barro.

Pero aunque el tinte desapareció cuando se echó un poco de agua en las manos para lavar el barro, el corazón le empezó a latir más fuerte y tuvo que entrecerrar los ojos. Era como si el sol brillase más fuerte, y lo que antes le había parecido sombras ahora era como si estuviera iluminado por este directamente.

Al intentar andar estuvo a punto de perder el equilibrio, los árboles a su alrededor estaban desenfocados, como si los mirase a través de una fina tela. Su respiración se aceleró por momentos, hasta quedarse sin aliento, intentando arrancar bocanadas de aire.

Lilliana se miró las manos y era como si estas ondulasen y cambiasen de forma bajo su mirada. La única sensación que había experimentado antes en su vida que se le pareciese había sido hacía varios años ya, cuando había decidido beberse toda una jarra de lo que Abu Lessy le había dicho que era solo para los mayores.

Tengo que hacer algo. Se dijo mientras se agachaba en cuclillas. Intentó controlar la respiración, ralentizarla, sin éxito. No quedaba otra. Levantó una mano y se golpeó a sí misma, una bofetada que sonó como cuando Abu sacudía las mantas en primavera.

La segunda bofetada hizo que todo se enfocase a su alrededor y la luz se apagase como si alguien hubiese soplado una vela en la penumbra. Poco a poco el color retornó, y las sombras volvieron a ser sombras.

Aún estaba mareada, pero por lo menos pudo levantarse y caminar un par de pasos sin tener la sensación de estar haciendo equilibrios en una de las barcas que usaban para pescar en uno de los lagos cercanos. Spice se había acercado y apoyó una de las patas en el muslo de Lilliana, como preguntándole si estaba bien.

—No te preocupes, ya ha pasado. Creo.

La joven echó un trago de agua y se enjuagó la boca, intentando quitarse el extraño sabor amargo que parecía haberse instalado en esta. Luego la escupió al suelo. Más vale que me acuerde, no hay que tocar la cosa morada. 

Durante unos momentos consideró volver directamente a Highwood, pero razonó que probablemente no fuese lo más inteligente. Desde luego que le harían preguntas, sobre todo Kinan, y lo último que quería era que este sospechase. Así que recorrió parte del camino que había hecho para llegar hasta allí, pero antes de llegar a la aldea se desvió, esta vez caminando en la dirección que Kinan le había pedido investigar.

Algunos de los árboles de la zona tenían pequeñas marcas, si sabías dónde mirar, para ayudar a aquellos menos capaces a orientarse, pero desde muy pequeña Lilliana había preferido fiarse de su instinto, y mientras no se internase demasiado en el Bosque Profundo, no tenía ningún problema en encontrar su camino.

Aprovechó para contarle a Spice todo lo que había hecho las últimas dos semanas. La araña gigante, por toda respuesta, hacía sonar sus mandíbulas con un chasquido intermitente, que se intercalaba con el poco ruido que hacía cuando decidía subir un árbol, o cambiarse de uno a otro.

Cuando Lilliana atravesó una de las zonas donde aún quedaban algunos frutos del bosque en los arbustos cercanos, recogió un par de puñados sin ni siquiera pararse, lanzando su mano hábilmente entre las ramas y hojas y arrancándolos al vuelo. Las moras eran sus favoritas y, junto con un pedazo de cecina que cogió tras rebuscar en su bolsa, se convirtieron en un almuerzo improvisado que hizo que sonriese durante un buen rato.

Aún tenía una sonrisa en sus labios cuando, mirando a su alrededor, consideró que estaba suficientemente al Oeste de Highwood como para empezar a tener un poco más de precaución. Así que a partir de entonces su mirada se fue alternando entre los árboles, el suelo, los arbustos y el camino. Redujo el ritmo, y se paró en media docena de ocasiones para escuchar intensamente. 

La sexta vez se paró bastante más tiempo que el resto. Spice estaba agachada junto a sus piernas, con el cuerpo casi pegado al suelo. Había algo en el ambiente que hizo que a Lilliana se le erizaran todos los pelos de la nuca, y eso nunca era buena señal.

Solamente escuchaba los latidos de su corazón y el viento que movía las ramas. Solamente el viento. Sin hacer ningún ruido, abrió la boca sorprendida. Eso es, no se escucha nada, nada. El bosque nunca está silencioso. Pensó mientras una gota de miedo cayó dentro suyo. Seguida de otra, y de otra.

Para cuando escuchó varios chasquidos en el aire, estaba lo suficientemente asustada como para no mover ni un músculo. No tiene sentido que las arañas estén tan lejos del corazón del bosque. Pensó mientras bajaba la vista hasta Spice.

Sin embargo, la araña gigante no parecía estar contenta. Nada contenta. Nunca había visto a Spice así y eso le preocupó incluso más que los chasquidos, que ahora sonaban en todas las direcciones, como si estuviese rodeada.

Algunos de los chasquidos parecía acercarse, aunque la mayor parte se alejaban, en dirección a Highwood. Con mucho cuidado, Lilliana se agachó junto a Spice.

—Venga lo que venga, vamos a intentar ser nosotras las que lo sorprendan, ¿vale? —susurró mientras pasaba un pulgar por su cinturón.

Spice sacudió su cabeza y se movió sin hacer ningún ruido hasta uno de los árboles, donde empezó a tejer, en absoluto silencio. Lilliana se movió, pegada a varios arbustos y evitando la zona más despejada que había entre los árboles. Casi inconscientemente sus manos desenrollaron la honda y la prepararon, una vuelta alrededor de uno de sus dedos y el nudo del otro extremo agarrado entre índice y pulgar.

Uno de los chasquidos sonó realmente cerca. Tan cerca que la joven estuvo seguro de que sonaba más como un hueso siendo resquebrajado que como la mandíbula de Spice. Oh no. Pensó mientras se intentaba asomar en la dirección de la que el sonido había venido.

Otro crujido más sonó, incluso más cerca, y esta vez vino acompañado de un roce metálico. Y otro. Y otro más. Entre chasquido y chasquido, entre roce metálico y roce metálico, Lilliana escuchó claramente un doble latido de corazón, que resonó grave y fuerte, como si sonase desde dentro de una tinaja.

De entre la espesura apareció una figura. Llevaba una armadura metálica con trozos de cuero medio podrido que apenas la mantenían en su sitio. La carne que debería haber debajo estaba en incluso peor estado que el cuero, la mayor parte de sus huesos al descubierto.

El peto que cubría el pecho de la criatura tenía un boquete en el medio que, extrañamente, parecía haber sido hecho desde dentro de la armadura. A través del orificio Lilliana pudo ver varias costillas, y medio flotando, medio colgando en el centro de estas, un corazón, recubierto de una maraña de venas negras.

El cuerpo de la criatura estaba claramente muerto, y además muerto hace mucho tiempo, a juzgar por el estado de descomposición del mismo. Sin embargo, la cabeza se movió en dirección a Lilliana, un brazo, casi todo hueso, se levantó y la señaló, y el oscuro corazón sufrió una especie de espasmo y otro doble latido se escuchó en el bosque, como si sonase desde dentro de una tinaja.


Este es el capítulo 8 de ‘Círculo‘, una novela experimental publicada semanalmente en esta página y en Wattpad. Está inspirada por Ironsworn RPG.


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David

Natural de Zaragoza, llevo leyendo desde que puedo recordar. Siempre me ha gustado mucho escribir, y soñar despierto.

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