Capítulo 7 — Círculo, una novela inspirada por Ironsworn RPG

Lilliana volvió a casa rápidamente y preparó aquellas cosas que pensó le podrían hacer falta. Tampoco tardó mucho tiempo, ya que la mayor parte estaban ya listas en un par de bolsas que casi siempre llevaba con ella. Un poco de comida, medicina y el saco de piedrecitas para su honda.

Nunca salía de casa sin una honda encima, y en aquel momento llevaba dos, aunque si uno no se fijaba era fácil no darse cuenta. Una de ellas estaba enrollada alrededor de su antebrazo, junto con otras tiras de cuero y brazaletes. La otra estaba entrelazada con el cinturón. No obstante, era capaz de desenrollarla y tenerla lista para ser usada en apenas unos segundos.

No obstante, al coger el saquito de piedras, notó que no tenía el peso acostumbrado. Lo abrió rápidamente mientras mascullaba por lo bajo. Tal y como sospechaba, estaba lleno de pequeñas madejas de lana. Su daga tampoco estaba en el lugar acostumbrado, sino que había sido colgada de una de las vigas del techo.

La mitad del tiempo no tenía ni idea de por qué Abu Lessy hacía las cosas que hacía. Así que decidió no preguntarle, descolgar la daga, y buscar las piedras. Le costó casi una hora y solamente encontró la mitad de estas. Estaba a punto de salir por la puerta cuando de otra de las habitaciones salió Abu Lessy.

Perdió otra hora más llevando a cabo las tareas que le encargó y cuando por fin salió de casa para ponerse en marcha, ya casi era medio día. Abu siempre le decía que no corriese por las plataformas, pero, al fin y al cabo, se había retrasado por su culpa, así que echó a trotar.

Tan solo le costó unos minutos atravesar el asentamiento de Highwood, de árbol en árbol, sin tocar el suelo. En la zona norte de la aldea las plataformas continuaban más allá de la última casa. A unos cientos de metros había una laguna que suponía una de las fuentes principales de agua de la zona, y el camino en los árboles continuaba casi hasta esta.

Una plataforma con diferentes poleas servía para extraer agua de la laguna sin bajar hasta el suelo, aunque también había un par de rudimentarios elevadores para transportar otros objetos y materiales, así como cuerdas de subida y bajada, para permitir la subida y bajada rápidamente.

En cuanto Lilliana tocó el suelo del bosque con sus pies, se dirigió a una de sus zonas favoritas en la linde de la laguna y recogió una docena de piedrecitas, perfectamente redondas, para reponer las que no había encontrado.

En vez de dirigirse al Oeste, como le había dicho Kinan, o al Este, como le había indicado Emelyn el día anterior, decidió darse un paseo por la zona Norte, ya que Kinan parecía haberse puesto nervioso cuando había mencionado esa dirección, y estaba segura de que estaba ocultando algo.

Algo más allá de la zona rocosa encontró una hilera de huellas más profundas y más marcadas que el resto de las de la zona. Le llamó la atención que parecían ser unas botas muy similares a las que llevaban la mayor parte de la gente del asentamiento, pero parecían haber sido reforzadas de alguna manera, probablemente con una punta y talón metálicos. Al menos eso le pareció por la forma de las huellas.

Junto a esta hilera había, además, un ligero surco que viajaba paralelo a esta, como si algo a alguien hubiese sido arrastrado por el suelo.

El rastro se alejaba del asentamiento y continuaba en dirección Norte. Lilliana echó a caminar, pisando ligeramente. Siguió la hilera durante un buen rato, parándose cuando el rastro se hacía más difícil de seguir, siguiendo la pista en los roces contra los troncos de los árboles, las ramitas y hojas rotas y las zonas de arbustos y hierba que estaban más aplastadas que las de alrededor.

En uno de esos arbustos encontró un trocito de lo que parecía cuero, además de unas manchas de los taninos que utilizaban en Highwood para curtir pieles.

De repente, el rastro desapareció. La joven dió un par de vueltas por la zona, pero no había huellas. Examinó los árboles, mucho más jóvenes y pequeños que aquellos sobre los que estaba construida Highwood. Uno de ellos, casi en la linde de la arboleda, con unas raíces gruesas que salían de la tierra, tenía una zona de tierra removida en uno de sus lados.

Lilliana se agachó y pasó la mano por encima. Dejó la bolsa que llevaba en el suelo para descargarse de peso. Luego cogió una de las ramas caídas más gruesa que encontró y sacó su daga. Afiló un poco la punta hasta convertirla en una especie de estaca y se puso a excavar con ella.

Tras remover la tierra y retirar un par de brazadas, la rama que estaba utilizando golpeó algo duro, que sonó a madera, pero con un sonido amortiguado. Apartó la tierra con las manos hasta que, poco a poco, reveló un bulto, aún algo cubierto de tierra. Volvió a coger la rama y la utilizó para intentar descubrir qué era el saco.

Una parte de ella le decía que no lo tocase, que seguro que era algo peligroso. Pero le pudo la curiosidad y con la rama consiguió apartar las pieles que cubrían el bulto.

Dio un paso atrás, sorprendida. En el agujero que había excavado, medio envueltas en unas pieles recién curtidas, había un montón de tazas y jarras talladas. Reconoció el estilo de Arisa. De hecho, el día anterior había bebido té en una de esas tazas, mientras charlaba con Emelyn. No tenía ningún sentido.

Sin atreverse a tocarlas aún, las removió con la rama, y varias de ellas se deslizaron de la precaria posición en la que estaban, sonando como una pequeña avalancha de trozos de madera. Unas pocas estaban manchadas de una extraña sustancia morada que no supo identificar, al menos a primera vista.

—Qué extraño —dijo en voz alta—. Seguro que Abu Lessy sabe decirme qué es esto.

Mencionar en voz alta a Abu le hizo recordar las muchas cosas con las que había que tener cuidado, según ella. Aunque no lo recordaba específicamente, estaba segura de que las ‘sustancias que no sé qué son’ eran una de ellas.

Así que rebuscó en su bolsa hasta que encontró uno de los vendajes que llevaba por si acaso. Cortó un trozo con su daga y luego utilizó ese trozo para recoger un poco de la sustancia morada, restregando la tela contra el interior de la taza más cercana de las que estaban manchadas.

La dobló sobre sí misma y la envolvió en uno de los trozos de lino encerado donde había guardado algo de comida, que dejó suelta por la bolsa. Satisfecha, se puso de pie y levantó la vista.

Justo en ese momento, oyó un chasquido entre las ramas del árbol más próximo. Era un chasquido quitinoso, como de mandíbulas que se presionan entre ellas. Un chasquido muy familiar, al fin y al cabo, todo el mundo que vivía en Highwood era capaz de reconocer el sonido que hacían las arañas gigantes del bosque.


Este es el capítulo 7 de ‘Círculo‘, una novela experimental publicada semanalmente en esta página y en Wattpad. Está inspirada por Ironsworn RPG.


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David

Natural de Zaragoza, llevo leyendo desde que puedo recordar. Siempre me ha gustado mucho escribir, y soñar despierto.

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