Capítulo 5 — Círculo, una novela inspirada por Ironsworn RPG

Capítulo 5 — Círculo, una novela inspirada por Ironsworn RPG

Samtha caminó durante varios minutos, lentamente, apoyándose en el bastón e intentando no cargar demasiado su pierna. Poco a poco se acercó a los tres edificios que Masias le había indicado. Cuando estuvo a cierta distancia, pudo distinguirlos más claramente.

Se trataba de dos pallozas, unas construcciones redondas con el techo de paja, cuyo aspecto era más bien antiguo aunque estaban claramente en buen estado. El tercer edificio no era del mismo tipo. Más que un edificio, parecía un cobertizo. No tenía paredes en todos sus lados, sino que se trataba de una zona techada, con varios postes de madera.

Entre los postes había varias cuerdas, y postes horizontales de los cuales colgaban varios venados en aquel momento. No llegaba a distinguir más, pero parecía más bien una zona de trabajo para los cazadores de la zona.

Los tres edificios formaban un triángulo, y de cada uno de sus vértices salía un caminito. El que llevaba a Axerest parecía el más transitado, e incluso tenía marcas de ruedas. Era lo bastante ancho como para que varias personas caminasen juntas. Los otros dos caminos eran más estrechos, casi individuales.

Uno de ellos se adentraba en el bosque cercano y desaparecía, mientras que el otro era el que llegaba hasta los campos entre los cuales Samtha estaba caminando.

Se acercó un poco más y en el centro del triángulo que formaban los tres edificios pudo ver un fuego en un rectángulo excavado en el suelo que había sido rodeado de piedras planas. Cuatro palos metálicos habían sido clavados a su alrededor.

Cada uno de los palos en el centro preciso del lado del rectángulo. Sobre ellos se asentaban dos barras de hierro que formaban una cruz sobre la parte central del fuego. Varias varillas colgaban vacías de esa cruz, aunque un par de ellas tenían recipientes enganchados.

Alrededor del fuego había media docena de trozos de madera, gruesos y pesados, y del tamaño perfecto para sentarse en ellos. Parecían tocones descartados de árboles que hubiesen sido cortados hace mucho tiempo.

Dos estaban ocupados, el primero por Masias, y el otro por una persona que Samtha no reconoció. No era ninguno del resto de arqueros, y sus ropas eran más simples si cabía. Tan solo llevaba puesta una túnica atada con un cinturón de cuero y unos pantalones con unas botas de piel similares a las de Masias.

El extraño tenía en sus manos a Snādtrebā, que había sido desenvainada. Estaba inclinado junto al fuego, pasando los dedos por la hoja. Él u otra persona la había limpiado y no quedaba ni rastro de la sangre. A pesar de la comodidad con la que estaba sentado, parecía fuera de lugar.

Samtha dirigió su mirada hacia las dos pallozas, hacia la zona techada con los venados y luego observó a Masias, sentado al otro lado del fuego del extraño, con un arco sobre las piernas. En aquel momento estaba colgando una tetera de hierro fundido de una de las varillas de la cruz metálica que había sobre el fuego.

—Eres uno de los cazadores de Axerest —dijo Samtha mientras cojeaba hacia otro de los troncos y se sentaba con cuidado.

—Hacemos lo que nos toca hacer. Pero sí, yo suelo cazar y, a veces, me llevo a los cachorros conmigo.

Samtha señaló con el mentón en dirección a los campos de los que había venido.

—¿Qué ha pasado hoy?

—¿Hoy? Lleva pasando mucho tiempo. Simplemente se vuelven más agresivos, más valientes cada vez. —Masias escupió en el suelo y pasó un dedo por la madera de su arco.

—Los saqueadores. —Samtha asintió—. Normalmente este tipo de gente utilizan las armas y escudos que encuentran, cuando utilizan escudos. No unos que van pintados.

—A los Colmillos de Icaan les gusta ir bien uniformados cuando deciden robar nuestra comida y nuestro hierro.

—Y sin embargo, hemos salido bien parados —dijo el extraño con una sonrisa antes de que Samtha pudiese seguir la conversación—. Masias se ha olvidado de presentarme, no es un animal muy social. Permíteme que corrija el problema, mi nombre es Connu.

El tal Connu ni siquiera había levantado la mirada mientras hablaba. Fue justo cuando Samtha miró al hombre a la cara que este levantó la vista de Snādtrebā y lo miró fijamente. La luz del fuego no se reflejó en los ojos de Connu, sino que pareció pasar a través de estos, iluminando formas oscuras detrás de sus pupilas, como si fuesen ventanas a otro mundo.

—No te he presentado para no asustar al chaval —dijo Masias apartando su arco y dejándolo a un lado.

Luego cogió el palo de donde colgaba la tetera y la apartó del fuego. El agua estaba ya hirviendo y una generosa columna de vapor salía de la boquilla de esta.

—¿Asustarle? Nunca se me ocurriría. Además, dudo mucho que sea tan fácil asustar al hijo de Mara Esra.

—Tienes razón, Connu, no es la primera vez que hablo con un místico —dijo Samtha.

—¿El hijo de Mara? ¿Por qué no has dicho nada antes, chaval?

El rostro de Masias reflejó una expresión de sorpresa que hizo que Samtha se sonriese.

—Mi madre dice que es mejor hablar contigo cuando no tienes un arma en las manos.

—En eso tienes razón, Samtha —dijo Connu—. ¿Has blandido esta espada en batalla?

—Claro que el chaval la ha blandido, Connu, yo mismo lo he visto.

—Entonces la escuchas.

Samtha simplemente asintió, sin decir nada.

—Lo siento, chaval. —Masias echó un pellizco de hierbas de un saquito que le pasó Connu en la tetera—. También siento la bienvenida que te he dado.

—Los Colmillos sacan lo peor de ti, Masias.

Con esas palabras Connu se levantó de su sitio y se acercó a Samtha. Con movimientos muy lentos y deliberados, le dio la vuelta a la espada y se la entregó con la empuñadura por delante. Masias no dijo nada, pero sacó la daga que le había cogido en los campos y la dejó sobre otro de los tocones de madera.

—El resto de tus cosas están ahí dentro. —Señaló una de las pallozas con el pulgar.

Pasaron varios minutos en silencio y luego Masias repartió tres tazas talladas en madera de nogal y las llenó usando la tetera. Un rico aroma especiado inundó el olfato de Samtha cuando se la llevó a sus labios. Aspirando con cuidado bebió un sorbo y saboreó la bebida.

Había oscurecido lo suficiente como para no poder ver casi nada más allá de la zona que iluminaba el fuego. Connu produjo un puñado de trozos de cecina que se repartieron. Los mordisquearon en silencio mientras más allá se escuchaba el ulular de varios búhos. Uno de ellos sonaba más grave que el resto y Samtha supo entonces que Welet estaba cerca. Sonrió mientras bebía otro trago de su taza.

—Los saqueadores se han llevado una buena porción de las reservas para el invierno, ¿verdad?

—Así es chaval.

—¿Qué vais a hacer?

—Hay muchas opciones, ninguna buena. —Masias se encogió de hombros—. El Senisō de Axerest no es un hombre de acción y—

—A Masias le gustaría hacer las cosas de otra manera —interrumpió Connu—. Pero muchas… piezas tendrían que cambiar para eso. Ahora mismo el miedo es el sentimiento dominante de aquellos que toman decisiones. Lo ha sido durante los últimos años.

Samtha asintió. El libro de su madre decía algo muy parecido.

—Pero eso es una conversación para otro día —dijo el místico mientras se levantaba—. Vas a tener que descansar si quieres echar una mano con la larga lista de tareas que vamos a tener que hacer los próximos días.

—Hay que adelantarse al invierno y hemos perdido buena parte de las reservas, chaval. Así que tenemos mucho trabajo por delante, y la gente de aquí ya no recuerda quiénes son.

—Y las manzanas aún no han sido recogidas. —Connu se agachó al lado de Samtha, poniendo una mano en su hombro—. Si nos tenemos que comer las manzanas no habrá sidra, y apenas vinagre. Y Masias se pone incluso de peor humor si no tiene sidra.

Masias se rascó la frente con dos dedos mientras Connu le guiñaba un ojo a Samtha.

—Vas a tener que apañárselas con este cascarrabias unas cuantas semanas. Así que descansa.

Las sombras cercanas parecieron moverse hacia Connu y las formas de detrás de sus ojos se agitaron. Samtha sintió como si le empujasen hacia atrás y empezó a caer al vacío sin que su cuerpo se moviese.

A su alrededor todo era negro y oscuro, pero al mismo tiempo no notaba frío, sino una calidez realmente acogedora. Como si mirase a través de una ventana que cada vez se alejaba más y más, vió como Connu sonreía. Luego el místico pasó una mano por delante de la ventana y todo quedó oscuro a su alrededor.


Este es el capítulo 5 de ‘Círculo‘, una novela experimental publicada semanalmente en esta página y en Wattpad. Está inspirada por Ironsworn RPG.


Foto de jplenio en Pixabay

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David

Natural de Zaragoza, llevo leyendo desde que puedo recordar. Siempre me ha gustado mucho escribir, y soñar despierto.

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